Presentación

La medicina en Navarra en la Edad Media y el Renacimiento

La formación de los médicos en la Navarra medieval

Durante la Alta Edad Media la cultura y el ámbito de la enseñanza estuvieron vinculados directamente al mundo eclesiástico. Debe reconocerse la labor que los monasterios ejercieron en este periodo y posteriormente, ya en el siglo XII, la ejercida por los cabildos catedralicios. Las escuelas catedralicias, más activas y dinámicas en el conociminento del mundo natural, y en su difusón, fueron relagando a un segundo plano a las primitivas escuelas monacales. A principios del siglo XIII surge en el Occidente cristiano una nueva institución de enseñanza, el Studium generale o, como más  tardíamente se le donominó, la Universidad, una corporación que tendió a sustituir a las viejas escuelas dirigidas por los obispos. También en este siglo aparecen nuevos centros de estudio en el mundo urbano —los studia— impulsados y dirigidos por las nuevas órdenes mendicantes —franciscanos y dominicos— apoyados tanto por los obispos como por la sociedad civil. Todos ellos fueron centros de enseñanza a los que acudieron las élites hispanas y que compartían la actividad intelectual con las catedrales y las cortes  episcopales, con los círculos cortesanos y, fuera del ámbito cristiano, con las aljamas judías.

La presencia de estudiantes navarros en este contexto, especialmente en los siglos medievales, ha ido planteando serias dificultades en lo referente a su estudio. Y a pesar de que no nuede discutirse la influencia que los estudios universitarios tuvieron dede un principio en la configuración y evolución de lo que habría de ser Navarra en todos los órdenes, tanto político como administrativo, jurídico, eclesiástico y cultural, principalmente, el reino como tal hasta el siglo XVI nunca tuvo dentro de sus fronteras una institución universitaria con funciones generales. Algo que no impidió que un buen número de estudiantes navarros acudiera a universidades fuera del reino,  de la península Ibérica, de Francia o del resto de Europa, integrándose de esta forma en el sistema europeo de educación superior, productor de una verdadera élite cultural común. Tener o no universidad era mucho más que una cuestión de prestigio o de control social. El importante bagaje científico generado en ella podía ponerse al servicio de las clases dirigentes y ser aprovechado para sus fines más directos. Un tipo de enseñanza que, en palabras de Luis García Ballester, formó hombres “que dieron lugar a una nueva élite intelectual, y que colaboraron en la creación de un nuevo mercado”.

Los estudios médicos universitarios fueron muy tardíamente impulsados en la península Ibérica y se localizaron en centros muy concretos, como Valladolid y Salamanca, en el reino de Castilla; Lisboa y Coimbra, en Portugal; o Huesca, Lérida, Barcelona y Valencia, en los territorios de la Corona de Aragón, si bien hasta mediados del siglo XIV esta última contó con la Universidad de Montpellier dentro de su conglomerado político. Esta situación  no parece que influyera especialmente en Navarra puesto que, a falta de datos con los que poder rebatirlo, tradicionalmente se ha venido considerando que gran parte de los estudiantes del reino que, entre finales del siglo XIII y finales del XV, se instruyeron en los saberes médicos debieron de haber acudido mayoritariamente a universidades francesas. Habrá que esperar a 1613 para que veamos la concesión de un título de medicina en Navarra. A partir de esa fecha y hasta 1769, en la abadía benedictina de Irache, donde desde el siglo XVI se enseñaba filosofía (artes) y teología, se concede también el título de medicina. Un título que se conseguía tras un examen y previa justificación de haber realizado los cursos y prácticas necesarias en las universidades oficiales. Sacarse el grado de médico en Irache, al igual que en otras universidades llamadas "menores", significaba obtener el título con exámenes menos exigentes y tasas más reducidas.

Como ya se ha señalado, en Navarra también existían otros centros menores de enseñanza y depositarios del saber de la época, como los cabildos catedralicios, los monasterios y los studia de las órdenes mendicantes, pero más allá de los estudios de latín, filosofía y teología que se impartían en estos centros, nada parece indicar que se ofreciera algún tipo de estudio médico. En cualquier caso, la necesidad de contar con estos profesionales dentro de cada comunidad religiosa induce a pensar que debía existir la obligación de instruir a algún miembro de forma particular, y también que recurrieron a personal ajeno.

Los médicos extrauniversitarios

La dificultad que entraña acceder al conocimiento de la formación intelectual de los médicos navarros de origen cristiano decepciona tanto o más cuando se intenta comprender el alcance y difusión de la intelectualidad judía y mudéjar de la época en el reino. Conocer el legado cultural, y sobre todo médico, de estas comunidades en el reino de Navarra no es fácil. Del desarrollo científico-médico del colectivo hebreo poco se sabe, pero parece que debió estar a cierta altura, no solo desde un punto de vista práctico sino también teórico, certificado por la elevada presencia de médicos de origen judío, agunos procedentes de otros reinos vecinos, que ofrecieron sus servicios a los monarcas.  Una elevada presencia de médicos judíos que  pudo estar originada, entre otras causas, por la inexistencia de estudios médicos en el reino.

La comunidad hebrea al igual que la mususlmana, debido a su religión, o las mujeres, por su sexo, no podían participar de la enseñanza universitaria, y el sistema de transmisión y elaboración de los conocimientos médicos en el seno de la propia comunidad se realizaba a través del denominado “sistema abierto” de enseñanza. Una manera según la cual los conocimientos se transmitían y se adquirían según un criterio personal y sin apoyo de ningún tipo de institución escolar, lo que implicacaba un fuerte autodidactismo, pero que suministraba una medicina socialmente respetada. El reconocimiento y la validación de la práctica médica estaban directamente relacionados con el éxito y el fracaso de las prácticas curativas.

No obstante, fueron los barberos quienes llevaron el peso sanitario en la mayoría de las poblaciones del reino, encargándose de aplicar sangrías, quizá bajo el consejo de algún médico (físico), con formación universitaria o no, o cirujano, así como de realizar pequeñas intervenciones quirúrgicas y otros tratamientos, complementados con los habituales cortes de pelo, afeitados y extracciones dentales que les caracterizaban. Solo las familias ricas de las ciudades podían recurrir a físicos y cirujanos, tanto cristianos como judíos. Por otro lado, el ejercicio de los sanadores musulmanes, salvo alguna excepción, quedaba reducido a su comunidad. De la venta y preparación de remedios medicinales se encargaban los especieros, también llamados boticarios, que, en algunos casos, también practican la medicina. No debe olvidarse que la población del reino en su mayoría era campesina y, generalmente, con escasos recursos económicos, pudiendo recurrir también a sanitarios empíricos (curanderos) de diversa índole.

Hacia la regulación de la sanidad y del ejercicio de la medicina

Los continuados episodios de peste que se sucedieron a partir de 1348 motivaron que se fuera generando cierto interés, por parte de algunos concejos municipales, en la contratación de físicos y cirujanos para atender a la población residente. No obstante, sorprende la tardía respuesta a la calamidad, en comparación con otros territorios ibéricos, con el desarrollo de una legislación municipal que planteara medidas higiénicas permanentes, salvo las tradicionales "cuarentenas" que se aplicaban en los periodos de crisis sanitaria. Al parecer, la limitada extensión del territorio navarro, su escasa población, mermada además debido a los continuos brotes pestíferos, y la poca cantidad de físicos y cirujanos, desincentivaron a la autoridad, tanto la real como la concejil, para imponer una reglamentación profesional paralela a la que se conoce en otros reinos vecinos. 

Sin embargo, a finales del siglo XV nuevos factores y circunstancias, entre ellos el creciente sentimiento antijudío y las propias necesidades de la población navarra, condujeron a introducir iniciativas de control de la práctica de los físicos, cirujanos, barberos, boticarios y curanderos (hombres y mujeres) cristianos. No resulta casual que la primera cofradía del reino que incluía a los médicos, cirujanos y boticarios de Pamplona, la de San Cosme y San Damián, fuera aprobada en 1496, dos años antes del edicto de expulsión. Tres décadas después fue aprobada la primera institución reguladora de la medicina, la cirugía y la botica, con el nombre de Tribunal del Protomedicato de Navarra (1525), una institución concebida para alinear el territorio navarro con las estructuras sanitarias desarrolladas en el resto de la Monarquía Hispánica. Desde ese momento quien deseara ejercer la medicina debía pasar obligatoriamente por las aulas universitarias, mientras la mayoría de los interesados por la cirugía habían de adquirir su formación con un maestro cirujano y superar un examen de aptitud. Las competencias del Protomedicato eran supervisar las actividades profesionales, observando y castigando los casos de mala praxis o excesos cometidos por quienes ejercían la medicina, el control de las boticas, comprobando el uso y venta de medicamentos falsos o mal estado, examinar a los aspirantes a los oficios sanitarios y otorgar licencias para ejercer, además de dilucidar las denuncias por intrusismo. Especial interés se tuvo en dotar de prestigio a la práctica médica poniendo todas las trabas posibles a aquellos curanderos que ejercían la medicina, aunque hay casos en que estos consiguieron su licencia.  Con el tiempo se fundaron dos cofradías más de médicos, cirujanos, boticarios y barberos en Estella (1536), de fugaz vigencia, y pocomás tarde en Tudela (1538).

MedNav y las posibilidades de las Humanidades Digitales

MedNav es el resultado de casi dos décadas de estudio dedicado a la historia de la medicina, la ciencia y la historia del reino de Navarra entre los siglos XII al XVI, cuyos inicios, de alguna manera, comenzaron con el breve trabajo “Les médecins au service des Rois de Navarre” de José Ramón Castro, en 1953. Actualmente, gracias a las posibilidades de las Humanidades Digitales, la investigación puede superar la dispersión y el uso estrictamente personal de un patrimonio documental extraordinario que, con el esfuerzo de muchos, se ha ido sacando a la luz. La informatización de este material de investigación básico quiere contribuir a impulsar los estudios de historia de la medicina y de la salud, pero también de la ciencia y de la técnica, de la era preindustrial, y no únicamente en el espacio navarro. Además, MedNav también muestra líneas de investigación que abordan otros intereses relacionados con la medicina en el reino de Castilla o la propagación del culto a los santos protectores de los oficios sanitarios, como Cosme y Damián.